Otro de los muchos pueblos de la provincia y uno más de los de la comarca del Campo de Gómara, sentenciado a su desaparición en muy breve espacio de tiempo.
Está situado a 1.087 metros de altitud en la Sierra de Boñices. Se encuentra a 3 kilómetros de Tejado y la carretera de Almazán-Gómara-Almenar de Soria. Conserva impresionantes vestigios celtibérico y debió ser punto de cierta importancia en la época de las últimas guerras romano-celtibéricas, pasando con toda seguridad a poder de los romanos por el año 153 a. de J.C., siendo cónsul Quinto Fulvio Novilior.
Me baso en que después de la derrota sufrida por este cónsul cerca de Tardajos el día 23 de Agosto de dicho año, fecha en la que se celebraban el día de las Vulcaniza, fiesta romana dedicada al dios Vulcano. Derrota que le costó la pérdida de más de 8.000 hombres y a los celtibéricos la muerte de su caudillo Segidano Karos y 5.000 hombres. Tras esta batalla, los celtíberos, de la rama de los belos (que eran los dueños de estas zonas) y los arévacos, se retiraron a estos lugares, lo que demuestra la existencia de alguna fortaleza celtibérica que podría acogerles y protegerles de los ataques romanos. Motivos hay más que fundados para pensar que la fortaleza era lo que en la actualidad es Castil.
En general Lamerer, sitúa esta última batalla y derrota de los belos y arévacos en los llanos de Gómara, lo que aún confirma más la existencia de una población amurallada o con muy buenas posibilidades de defensa.
Entre los pueblos de Abión, Tejado y Castil he podido encontrar sacados a la luz por tractores en su labor grandes bloques de piedras que con toda seguridad fueron trozos empleados en potentes murallas.
Desde el pueblo, en la parte este, se alcanza a ver el pueblo de Peñalcázar, antigua Centóbriga, lo que me reafirma más en la parte histórica de Castil.
El nombre actual de Castil de Tierra le debió se aplicado por la existencia de un castillo en su parte norte que reconstruido por los árabes en la forma acostumbrada por estos hombres, a base de argamasa y tierra prensada (castillo de tierra) y posteriormente vuelto a reconstruir en la época medieval, durante las luchas de Castilla-Aragón.
En 1788, J. Loperraez, en su estadística del Obispado de Osma, fija su población en 30 vecinos y dependiente ya como despoblado en este año el pueblo de Cascante, diciendo: Se encuentra enclavado en elevado promontorio entre los pueblos de Tejado y Nomparedes, unidos a ellos por una carretera, siendo esta su única entrada y salida (y sigue siendo).
El diccionario Madoz en su edición de 1847 se le atribuye 28 vecinos y dice: “Inmediatos a la población se encuentran las ruinas de un aljibe de más de una vara y media de boca, abierta a pico en la roca, siendo su actual profundidad de más de cinco varas y mayor anchura, conociendo que en gran parte está cegado”.
Dentro de su término se encuentra el despoblado de Cascante, cuya iglesia se demolió a principios de 1800, llevando la pila bautismal y la Virgen de Ntra. Sra. de Cascante a la iglesia de Castil.
La verdad es que el denominado aljibe no era tal sino un pozo manantial.
Hoy la profundidad del mismo no sobrepasará los dos metros por ser empleado como basurero, cegado por arrojar toda clase de basuras, latas, sacos de plástico, etcétera. Se encontraba situado dentro del castillo. Su boca como dice Madoz está horadada en roca, pero la parte inferior es simplemente tierra.
La iglesia tiene serias muestras de muy próxima ruina, debió ser reconstruida por los siglos XVI-XVII, no tiene gran mérito ni el exterior ni el interior aún cuando su conjunto de la sensación de formidable potencia.
Hoy, casi acabada su existencia, habitado solo por tres familias tiene en pie tres o cuatro casas, estando el resto en casi plena ruina. En solo cuatro años he visto como sus tejados se han ido hundiendo, sus muros resquebrajarse y convertirse en montones de piedras.
Casi todo el pueblo fue construido con las piedras del castillo y con toda seguridad también se debió emplear algo del antiguo Cascante.
Su primitiva estrada puede que date de la época celtibérica y reformada en la medieval, se halla frente a Tejado, hecha taladrando la roca en una profundidad y anchura formidable, encontrándose en muy lamentable estado de abandono al haberse cegado y cubierto de tierra. Su contemplación causa profunda impresión y admiración.
Contemplar la panorámica que nos ofrece desde la parte alta de su antiquísima entrada se convierte en un placentero y sosegado deleite, con el que el espíritu se relaja y el alma se llena de suave y dulce paz. Podemos admirar toda la grandiosidad de la llanura de los Campos de Gómara, con su dura belleza, ver tan lejos y al mismo tiempo tan cerca los pueblos de Abión, Ledesma, Gómara, Tejado, Torralba de Arcial, Sauquillo de Boñices, Tapiela, Zamajón, Vllanueva de Zamajón, Ribarroya y la línea del Duero, las sierras del Almuerzo, Montes Claros y a su derecha, al fondo, la imponente silueta del Moncayo y Peñalcázar.
¿Cuántos años quedan de vida a este pueblo tan lleno de historia, belleza y encanto? Creo que posiblemente no llegue siquiera a una década, es otro más, uno más, uno de los que terminan su vida en un total abandono y olvido, uno más por los que podemos empezar a rezar el triste réquiem, uno de los réquiem que desgraciadamente tendremos que ir aumentando constantemente. Lo lamentable es que solamente rezamos este repetidísimo réquiem los que en realidad no quisiéramos jamás hacerlo.
De forma curiosa e increíble el pueblo tiene luz, agua corriente, alcantarillado y teléfono rural.
A pesar de algunas opiniones contrarias de personas dedicadas a la investigación que opinaban que este pueblo jamás tuvo castillo y que lo que era denominado como tal eran simplemente restos de unas torres de comunicaciones ópticas de las guerras carlistas he podido encontrar un documento que confirma todas mis tesis y reafirma de forma innegable no solamente la existencia del castillo sino que los cita en conjunto como fortaleza. Es este: “En el que se recoge que en el mes de julio del año 1526 de celebrarse la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Soria, pleito homenaje a D. Juan Torres, Regidor de la Fortaleza de la Peña del Alcázar y de d. Juan Morales, regidos de la fortaleza de Castil de Tierra a la emperatriz y Reina Isabel.
Mi esposa, mi entusiasmará colaborar en todos los sentidos y aspectos, amante de todas estas tierras y de esta provincia me lee una poesía dedicada a Castil, creo obligación insertarla no mirando su calidad más menos buena, para mi es muy hermosa, sino que simplemente por el gran amor que siente hacia todo lo bello y dulce y duro que nos brindan tantos pueblos sorianos y en particular uno tan hermoso como es Castil.
A CASTIL DE TIERRA
Por María Luisa García García
Fuiste amante vigía de La Peña,
te mirabas en ella con amor,
recreando tu vista con deleite
en su belleza y resplandor.
Al igual que un novio enamorado,
Extasiado, arrobado, embelesado,
tú la miras y admiras.
La vista tan hermosa, tan radiante,
que sientes en tus entrañas de la agonía
de un dolor fuerte y punzante.
¡Con cuanto terror has contemplado
toda esa belleza derrumbarse!
y, poco a poco, año tras año,
en escombros transformarse.
Como en un fiel espejo
ves tu imagen reflejada
y piensas con dolor:
Estoy solo, abatido
me siento en el olvido,
la existencia me agota
siento desilusión, siento la derrota.
Lloro mi amor fallecido,
yo, a punto de fallecer,
solo consuelo tener quisiera
de que mis hijos volvieran
y poderlos acoger.
Por la reina proclamado
al igual que mi bien amada,
¡Fui fortaleza importante!
Pero el título,
mis hijos no lo creyeron bastante.
Me fuisteis dejando solo
con mi angustia, mi dolor,
no pensáis que abandonándome
me arrancáis el corazón.
Aún cuando atalaya de roca soy,
tengo mis sentimientos, lloro de pena,
con rabia, por todos mis sufrimientos.
¡Tened compasión de mí!
Grito a los cuatro vientos,
¡Que me desgarráis el alma!
¡Mirad como ya me encuentro,
lleno de escombros y ruinas!
¡Despertad a mis lamentos!
Este lamente, este grito, lo hacemos conjuntamente y pedimos que no llegue la triste ocasión del Réquiem por Castil.
Está situado a 1.087 metros de altitud en la Sierra de Boñices. Se encuentra a 3 kilómetros de Tejado y la carretera de Almazán-Gómara-Almenar de Soria. Conserva impresionantes vestigios celtibérico y debió ser punto de cierta importancia en la época de las últimas guerras romano-celtibéricas, pasando con toda seguridad a poder de los romanos por el año 153 a. de J.C., siendo cónsul Quinto Fulvio Novilior.
Me baso en que después de la derrota sufrida por este cónsul cerca de Tardajos el día 23 de Agosto de dicho año, fecha en la que se celebraban el día de las Vulcaniza, fiesta romana dedicada al dios Vulcano. Derrota que le costó la pérdida de más de 8.000 hombres y a los celtibéricos la muerte de su caudillo Segidano Karos y 5.000 hombres. Tras esta batalla, los celtíberos, de la rama de los belos (que eran los dueños de estas zonas) y los arévacos, se retiraron a estos lugares, lo que demuestra la existencia de alguna fortaleza celtibérica que podría acogerles y protegerles de los ataques romanos. Motivos hay más que fundados para pensar que la fortaleza era lo que en la actualidad es Castil.
En general Lamerer, sitúa esta última batalla y derrota de los belos y arévacos en los llanos de Gómara, lo que aún confirma más la existencia de una población amurallada o con muy buenas posibilidades de defensa.
Entre los pueblos de Abión, Tejado y Castil he podido encontrar sacados a la luz por tractores en su labor grandes bloques de piedras que con toda seguridad fueron trozos empleados en potentes murallas.
Desde el pueblo, en la parte este, se alcanza a ver el pueblo de Peñalcázar, antigua Centóbriga, lo que me reafirma más en la parte histórica de Castil.
El nombre actual de Castil de Tierra le debió se aplicado por la existencia de un castillo en su parte norte que reconstruido por los árabes en la forma acostumbrada por estos hombres, a base de argamasa y tierra prensada (castillo de tierra) y posteriormente vuelto a reconstruir en la época medieval, durante las luchas de Castilla-Aragón.
En 1788, J. Loperraez, en su estadística del Obispado de Osma, fija su población en 30 vecinos y dependiente ya como despoblado en este año el pueblo de Cascante, diciendo: Se encuentra enclavado en elevado promontorio entre los pueblos de Tejado y Nomparedes, unidos a ellos por una carretera, siendo esta su única entrada y salida (y sigue siendo).
El diccionario Madoz en su edición de 1847 se le atribuye 28 vecinos y dice: “Inmediatos a la población se encuentran las ruinas de un aljibe de más de una vara y media de boca, abierta a pico en la roca, siendo su actual profundidad de más de cinco varas y mayor anchura, conociendo que en gran parte está cegado”.
La verdad es que el denominado aljibe no era tal sino un pozo manantial.
Hoy la profundidad del mismo no sobrepasará los dos metros por ser empleado como basurero, cegado por arrojar toda clase de basuras, latas, sacos de plástico, etcétera. Se encontraba situado dentro del castillo. Su boca como dice Madoz está horadada en roca, pero la parte inferior es simplemente tierra.
La iglesia tiene serias muestras de muy próxima ruina, debió ser reconstruida por los siglos XVI-XVII, no tiene gran mérito ni el exterior ni el interior aún cuando su conjunto de la sensación de formidable potencia.
Hoy, casi acabada su existencia, habitado solo por tres familias tiene en pie tres o cuatro casas, estando el resto en casi plena ruina. En solo cuatro años he visto como sus tejados se han ido hundiendo, sus muros resquebrajarse y convertirse en montones de piedras.
Casi todo el pueblo fue construido con las piedras del castillo y con toda seguridad también se debió emplear algo del antiguo Cascante.
Su primitiva estrada puede que date de la época celtibérica y reformada en la medieval, se halla frente a Tejado, hecha taladrando la roca en una profundidad y anchura formidable, encontrándose en muy lamentable estado de abandono al haberse cegado y cubierto de tierra. Su contemplación causa profunda impresión y admiración.
Contemplar la panorámica que nos ofrece desde la parte alta de su antiquísima entrada se convierte en un placentero y sosegado deleite, con el que el espíritu se relaja y el alma se llena de suave y dulce paz. Podemos admirar toda la grandiosidad de la llanura de los Campos de Gómara, con su dura belleza, ver tan lejos y al mismo tiempo tan cerca los pueblos de Abión, Ledesma, Gómara, Tejado, Torralba de Arcial, Sauquillo de Boñices, Tapiela, Zamajón, Vllanueva de Zamajón, Ribarroya y la línea del Duero, las sierras del Almuerzo, Montes Claros y a su derecha, al fondo, la imponente silueta del Moncayo y Peñalcázar.
¿Cuántos años quedan de vida a este pueblo tan lleno de historia, belleza y encanto? Creo que posiblemente no llegue siquiera a una década, es otro más, uno más, uno de los que terminan su vida en un total abandono y olvido, uno más por los que podemos empezar a rezar el triste réquiem, uno de los réquiem que desgraciadamente tendremos que ir aumentando constantemente. Lo lamentable es que solamente rezamos este repetidísimo réquiem los que en realidad no quisiéramos jamás hacerlo.
De forma curiosa e increíble el pueblo tiene luz, agua corriente, alcantarillado y teléfono rural.
A pesar de algunas opiniones contrarias de personas dedicadas a la investigación que opinaban que este pueblo jamás tuvo castillo y que lo que era denominado como tal eran simplemente restos de unas torres de comunicaciones ópticas de las guerras carlistas he podido encontrar un documento que confirma todas mis tesis y reafirma de forma innegable no solamente la existencia del castillo sino que los cita en conjunto como fortaleza. Es este: “En el que se recoge que en el mes de julio del año 1526 de celebrarse la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Soria, pleito homenaje a D. Juan Torres, Regidor de la Fortaleza de la Peña del Alcázar y de d. Juan Morales, regidos de la fortaleza de Castil de Tierra a la emperatriz y Reina Isabel.
Mi esposa, mi entusiasmará colaborar en todos los sentidos y aspectos, amante de todas estas tierras y de esta provincia me lee una poesía dedicada a Castil, creo obligación insertarla no mirando su calidad más menos buena, para mi es muy hermosa, sino que simplemente por el gran amor que siente hacia todo lo bello y dulce y duro que nos brindan tantos pueblos sorianos y en particular uno tan hermoso como es Castil.
A CASTIL DE TIERRA
Por María Luisa García García
Fuiste amante vigía de La Peña,
te mirabas en ella con amor,
recreando tu vista con deleite
en su belleza y resplandor.
Al igual que un novio enamorado,
Extasiado, arrobado, embelesado,
tú la miras y admiras.
La vista tan hermosa, tan radiante,
que sientes en tus entrañas de la agonía
de un dolor fuerte y punzante.
¡Con cuanto terror has contemplado
toda esa belleza derrumbarse!
y, poco a poco, año tras año,
en escombros transformarse.
Como en un fiel espejo
ves tu imagen reflejada
y piensas con dolor:
Estoy solo, abatido
me siento en el olvido,
la existencia me agota
siento desilusión, siento la derrota.
Lloro mi amor fallecido,
yo, a punto de fallecer,
solo consuelo tener quisiera

de que mis hijos volvieran
y poderlos acoger.
Por la reina proclamado
al igual que mi bien amada,
¡Fui fortaleza importante!
Pero el título,
mis hijos no lo creyeron bastante.
Me fuisteis dejando solo
con mi angustia, mi dolor,
no pensáis que abandonándome
me arrancáis el corazón.
Aún cuando atalaya de roca soy,
tengo mis sentimientos, lloro de pena,
con rabia, por todos mis sufrimientos.
¡Tened compasión de mí!
Grito a los cuatro vientos,
¡Que me desgarráis el alma!
¡Mirad como ya me encuentro,
lleno de escombros y ruinas!
¡Despertad a mis lamentos!
Este lamente, este grito, lo hacemos conjuntamente y pedimos que no llegue la triste ocasión del Réquiem por Castil.

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